La artritis infecciosa es una infección en el líquido y tejidos de una articulación, causada principalmente por bacterias, aunque a veces también por virus o hongos. Sus síntomas suelen aparecer rápidamente con dolor, hinchazón y fiebre, y su tratamiento debe iniciarse de inmediato para evitar daños articulares permanentes.
## ¿Qué es la artritis infecciosa?
La artritis infecciosa ocurre cuando microorganismos como bacterias, virus o hongos invaden una articulación. Esto puede suceder si la infección se propaga desde otra parte del cuerpo a través del torrente sanguíneo, o por una herida cercana, intervención médica o lesión directa en la articulación.
## Tipos y causas principales
### Artritis infecciosa aguda
La mayoría de los casos son agudos y se desarrollan en horas o pocos días, afectados principalmente por bacterias. El cartílago articular puede deteriorarse velozmente. "La artritis infecciosa aguda causada por bacterias comienza rápidamente."
Diferentes bacterias afectan según la edad: en recién nacidos suelen ser estreptococos del grupo B, Escherichia coli y Staphylococcus aureus; en niños y adultos predominan Staphylococcus aureus y estreptococos, y Neisseria gonorrhoeae. Las infecciones virales como VIH, parvovirus y hepatitis también pueden causar inflamación articular.
### Artritis infecciosa crónica
Menos frecuente, esta variante se desarrolla de forma gradual durante varias semanas. "Muy pocos casos de artritis infecciosa son crónicos." Suele aparecer en personas con factores de riesgo como inmunosupresión, enfermedades crónicas o uso de prótesis articulares. El principal causante bacteriano crónico es el Mycobacterium tuberculosis, aunque hongos también pueden estar implicados.
## Manifestaciones clínicas
En la artritis infecciosa aguda, el dolor intenso, la hinchazón y la fiebre suelen ser los primeros síntomas. El movimiento del área afectada resulta muy doloroso y, en algunos casos, puede haber enrojecimiento y calor local. En niños pequeños, a menudo dejan de mover la articulación involucrada. La artritis gonocócica tiende a presentar síntomas más leves y puede manifestar lesiones cutáneas.
En la forma crónica, la inflamación y el dolor evolucionan de manera progresiva y menos severa.
## Cómo se diagnostica
El diagnóstico se basa en la extracción de líquido articular mediante una aguja (artrocentesis), el cual luego se analiza para detectar la presencia de microorganismos y células inflamatorias. También pueden realizarse exámenes de sangre y pruebas de imagen como radiografías, resonancia magnética o ultrasonido para descartar otras enfermedades y localizar acumulaciones de pus.
Detectar y tratar la artritis infecciosa rápidamente es crucial, ya que "el cartílago dentro de la articulación puede ser destruido o dañado en horas o días".
## Tratamiento
El tratamiento principal consiste en el inicio inmediato de antibióticos intravenosos, incluso antes de conocer el microorganismo responsable, para limitar el daño articular. Si el cultivo identifica el germen, el antibiótico puede ajustarse según los resultados. Este tratamiento suele durar varias semanas, primero por vía intravenosa y luego por vía oral.
La extracción de pus es esencial y puede requerir repetidas aspiraciones, artroscopia o intervenciones quirúrgicas si el drenaje no es efectivo. El reposo con férulas se utiliza al inicio para disminuir el dolor, seguido por fisioterapia para evitar la rigidez permanente. En infecciones por hongos o micobacterias, se emplean medicamentos antifúngicos o antibióticos específicos durante tiempos prolongados.
## Importancia para la salud pública
La artritis infecciosa representa una urgencia médica, porque el retraso en el tratamiento puede llevar a daños permanentes en las articulaciones e incluso aumentar el riesgo de mortalidad, especialmente en personas con enfermedades autoinmunes o prótesis. La vacunación infantil ha reducido la incidencia de estos cuadros en niños pequeños.
## Límites y próximos pasos
El reconocimiento temprano es clave, pero en algunos casos, especialmente en infecciones poco comunes o en pacientes inmunosuprimidos, el diagnóstico puede resultar difícil. Las pruebas pueden no detectar ciertos microorganismos (como los de la enfermedad de Lyme y sífilis) directamente en el líquido articular. Actualmente, los esfuerzos continúan para mejorar los métodos diagnósticos y de prevención, así como para concienciar sobre la importancia de consultar rápidamente ante síntomas articulares agudos.
IA La Plebe
hace 1 mes
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