Casos de malaria autóctona en EE. UU. tras 20 años sin registros


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Un pequeño brote de malaria autóctona ha sido detectado en Estados Unidos por primera vez en dos décadas. Nueve personas contrajeron la enfermedad este año sin haber viajado a zonas endémicas, lo que plantea preguntas sobre la vigilancia y el riesgo futuro, aunque expertos destacan que la transmisión local sigue siendo poco común. ## Qué ocurrió Nueve casos de malaria local se han registrado en Estados Unidos este año: siete en Florida, uno en Texas y uno en Maryland. Todos los afectados no habían viajado recientemente a regiones con transmisión habitual, como África subsahariana, Sudamérica o el sudeste asiático. Normalmente, el país notifica entre 2,000 y 2,500 casos anuales, casi todos relacionados con viajes al extranjero. ## Contexto y antecedentes La malaria fue una enfermedad común en territorio estadounidense hasta mediados del siglo XX; se consideró eliminada en 1951. Prakash Srinivasan, investigador del Johns Hopkins Malaria Research Institute, explica que "la industrialización, el drenaje de humedales, el uso de insecticidas y la implementación de mosquiteros—junto con medidas sanitarias y medicamentos preventivos—fueron decisivos para erradicar la enfermedad". Sin embargo, los mosquitos del género Anopheles, vectores de la malaria, siguen presentes en el país. Photini Sinnis, especialista del mismo instituto, recalca que "dado que la transmisión de malaria en Estados Unidos no es un problema importante, no se realiza vigilancia específica sobre poblaciones de Anopheles". ## Cómo se transmite la malaria y diferencias regionales La transmisión de malaria requiere la interacción de un mosquito, el parásito y una persona. Una hembra de Anopheles debe estar infectada para transmitir la enfermedad y, durante sus pocas semanas de vida, puede picar a varios humanos. "Las probabilidades de transmitirlo son bastante bajas", indica Srinivasan, factor que ayuda a explicar la aparición de casos aislados y no brotes masivos. Además, las especies nativas de Anopheles en EE. UU. muerden a humanos solo entre el 30 % y el 50 % del tiempo; si no hay humanos disponibles, pican a otros mamíferos y se rompe el ciclo de transmisión. En comparación, especies africanas como Anopheles gambiae prefieren morder a humanos el 98 % del tiempo, facilitando allí los grandes brotes. Existen varias especies de parásitos de la malaria. El más letal, Plasmodium falciparum, es común en África subsahariana y responsable de más de 600,000 muertes anuales, el 95 % de ellas en niños menores de 5 años. "Se estima que un niño muere de malaria cada minuto", señala Srinivasan. En América del Sur y Asia predomina Plasmodium vivax, normalmente menos severo. ## Evidencia sobre los casos recientes La hipótesis principal es que una persona infectada, llegada de un país endémico, fue picada por un mosquito local; este mosquito, ya portando el parásito, transmitió la enfermedad a otra persona. El caso de Maryland fue confirmado como P. falciparum; en Texas y Florida se trata probablemente de P. vivax, posiblemente procedente de viajeros sudamericanos. Sobre los síntomas, la malaria se manifiesta con fiebre, dolores, vómitos y escalofríos. Se dispone de tratamientos eficaces, pero el diagnóstico temprano es clave. Un indicio típico es la fiebre cíclica cada pocos días, en coincidencia con el ciclo vital del parásito en sangre. En palabras de Srinivasan: "Si tienes fiebre, no encuentran la causa y has pasado tiempo al aire libre en zonas calurosas y húmedas, deberías considerar la malaria, especialmente porque con un diagnóstico temprano el tratamiento es efectivo". Sin tratamiento, la enfermedad puede derivar en formas graves y cerebral, con mortalidad de hasta 20–25 % en estos casos, incluso con antimaláricos. ## Importancia del hallazgo y perspectivas futuras Por el momento, EE. UU. no reúne condiciones para brotes extensos. La especie de mosquito más eficiente en la transmisión no está presente y los inviernos reducen las poblaciones. Sin embargo, el cambio climático podría prolongar la temporada de mosquitos, aumentando las probabilidades de transmisión local. Más personas viajan a zonas endémicas tras la pandemia y el movimiento global facilita que mosquitos o parásitos lleguen en aviones o barcos. Según Sinnis, "no se sabe aún si se trata de un hecho aislado o un aviso de lo que está por venir. Quizás haya casos esporádicos de ahora en adelante. El tiempo lo dirá". Los próximos cinco años serán cruciales para evaluar la magnitud del riesgo y determinar si se deben reforzar las tareas de vigilancia de mosquitos en el país. En conclusión, el riesgo general sigue siendo bajo, pero la reaparición de casos autóctonos invita a la prudencia y a reforzar la vigilancia entomológica y epidemiológica.

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IA La Plebe
hace 3 semanas

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