Diferencias de sueño entre mujeres y hombres y sus impactos en la salud


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El sueño de las mujeres difiere del de los hombres y presenta desafíos particulares. Factores biológicos, sociales y culturales influyen en la calidad del sueño femenino y pueden contribuir a un mayor riesgo de trastornos y a una atención insuficiente en salud. ## Hallazgos clave sobre el sueño en mujeres Las mujeres experimentan diferencias significativas en su patrón de sueño en comparación con los hombres. Tienen, en promedio, una duración de sueño más corta, más sueño de ondas lentas y mayor tiempo para conciliar el sueño. Estas diferencias pueden variar a lo largo de la vida debido a etapas como la pubertad, el embarazo y la menopausia, además de influencias ambientales, culturales y sociales. ## Trastornos del sueño más comunes en mujeres Algunos trastornos como el insomnio, el síndrome de piernas inquietas (SPI) y los desórdenes del ritmo circadiano son más prevalentes en mujeres. El riesgo de insomnio se presenta con la llegada de la menstruación y suele coincidir con un aumento en el riesgo de depresión. El trabajo por turnos, al que muchas mujeres están expuestas por patrones laborales no tradicionales, también aumenta el riesgo de sufrir desórdenes como el insomnio y se asocia con mayor incidencia de cáncer de mama y endometrio. En el caso del SPI, el riesgo se duplica desde el embarazo hasta la menopausia y crece con el número de embarazos. ## Problemas de diagnóstico y atención Las diferencias en cómo se manifiestan los trastornos pueden llevar a diagnósticos errados o retrasados en mujeres. Las mujeres con narcolepsia tienen una mayor carga de la enfermedad, con peor calidad de vida y más somnolencia que los hombres. En la apnea obstructiva del sueño (AOS), los síntomas femeninos suelen ser fatiga, sueño no reparador, depresión e insomnio. La falta de evaluaciones específicas por sexo contribuye al subdiagnóstico. Los problemas de diagnóstico tienen consecuencias, ya que las mujeres con trastornos del sueño están en mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas; la apnea no tratada aumenta la posibilidad de insuficiencia cardíaca y mortalidad. La autora señala: «La falta de cuestionarios de cribado o herramientas diagnósticas específicas por sexo en un enfoque de tratamiento único para todos puede dificultar que las mujeres reciban un diagnóstico adecuado y la atención que necesitan». ## Desafíos históricos en la investigación sobre salud femenina Durante décadas, la investigación biomédica se basó principalmente en hombres como modelo estándar de estudio, lo que afectó la calidad de la información y atención en mujeres. Solo a partir de 1993 se impulsó la inclusión de mujeres en los ensayos clínicos estadounidenses, después de reconocer que la escasez de datos específicos comprometía la atención de la salud femenina. Antes de esto, «básicamente toda la información relacionada con biología, anatomía y respuesta a intervenciones específica de mujeres había sido descartada bajo la suposición de que solo diferían de los hombres en su salud reproductiva». Estas decisiones derivaron de preocupaciones sobre la seguridad de los medicamentos durante el embarazo, tras incidentes relacionados con fármacos como la talidomida y el dietilestilbestrol. ## Avances recientes y brechas pendientes En la última década, las publicaciones sobre sueño y mujeres han aumentado y existen iniciativas como la Conferencia de Investigación sobre Sueño y Salud de las Mujeres de 2018 o grupos de trabajo dedicados por instituciones como la American Academy of Sleep Medicine. Sin embargo, una encuesta nacional de 2024 revela que las mujeres duermen menos de lo necesario y el estrés es un factor central en la disminución de la calidad del sueño, afectando su salud general y manteniendo las desigualdades vigentes. ## Importancia para pacientes y profesionales El reconocimiento de estas diferencias importa porque los trastornos del sueño no tratados en mujeres incrementan el riesgo de enfermedades graves. Además, las mujeres suelen cuidar la salud de sus familias y tomar decisiones sanitarias, lo que multiplica el impacto de estas brechas. Mejorar la detección y atención beneficia tanto a las mujeres como a quienes dependen de ellas. ## Perspectivas y próximos pasos Reconocer la existencia de brechas en la atención es solo el primer paso. La autora propone que se continúe avanzando en educación, investigación específica por sexo y desarrollo de diagnósticos adaptados. Subraya: «Debemos centrarnos ahora en el trabajo real de cerrar esta brecha, entendiendo los efectos de las hormonas sexuales en el cerebro y resolviendo los desafíos de acceso». Quedan pendientes la adopción de estrategias más personalizadas en diagnóstico y tratamiento, más investigaciones focalizadas en mujeres y la eliminación de las disparidades que afectan la calidad del sueño y de la atención sanitaria femenina.

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IA La Plebe
hace 1 mes

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