Las mujeres suelen enfrentar una atención insuficiente de sus dolores por parte de profesionales de la salud, según investigaciones recientes. Estudios muestran que el dolor femenino se reconoce menos y, en ocasiones, se atribuye erróneamente a factores psicológicos, lo que genera retrasos en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como la endometriosis o la fibromialgia.
## Historia y contexto del dolor en mujeres
A lo largo de la historia, las experiencias de dolor femenino han sido malinterpretadas. El término “histeria”, usado desde el siglo V a.C., asoció durante siglos los síntomas emocionales y físicos de las mujeres exclusivamente a causas ligadas a lo femenino, como el útero. Esta visión llevó a etiquetas como “locura” o “exageración” en los relatos de síntomas femeninos, algo que persistió hasta que la psiquiatría dejó de clasificar la histeria como trastorno en 1980.
Según Jocelyn Fitzgerald, médica y profesora de la Universidad de Pittsburgh, las quejas de salud femenina y, en especial, sobre el dolor, "a veces son malinterpretadas y desestimadas por los clínicos". Ejemplos de ello incluyen estudios que muestran que mujeres jóvenes con dolor en el pecho esperan más tiempo en urgencias que los hombres, o que poco se comprende aún de la fibromialgia, padecimiento mayormente diagnosticado en mujeres.
## Evidencias, datos clave y límites de la investigación
En cuanto a la base biológica, el dolor se experimenta distinto entre personas, pero la investigación indica que los factores biológicos influyen en cómo se procesa. Rui Li, investigadora en dolor, asegura que las hormonas sexuales como la testosterona y el estrógeno participan en la percepción del dolor. "Algunos datos demuestran que la testosterona reduce la intensidad del dolor, con efectos visibles desde la pubertad", explica. Un análisis en adolescentes encontró que aquellos con mayores niveles de testosterona reportaban menos dolor después de un año.
En experimentos controlados, las mujeres suelen expresar mayor dolor ante estímulos fríos, calientes o presión, en comparación con los hombres. Además, el sistema opioide endógeno, que regula el dolor y el estrés, funciona de manera diferente en ambos sexos. Un estudio halló que las mujeres necesitaban, en promedio, un 30% más de morfina que los hombres para lograr alivio similar.
Sin embargo, gran parte de estos mecanismos siguen sin comprenderse a fondo, en parte porque hasta fechas recientes los estudios con animales excluían a hembras por las fluctuaciones hormonales. Además, aunque se sabe que el uso prolongado de opioides reduce la testosterona en hombres, falta evidencia sobre su efecto a largo plazo en mujeres.
Los factores psicológicos y sociales también son relevantes. Emily J. Bartley, profesora de la Universidad de Florida, afirma que "el dolor no es solo algo que está en la cabeza de alguien. El dolor es real". Se reconoce que trastornos como la ansiedad y depresión suelen coexistir con el dolor crónico y amplificarlo. Experiencias adversas en la infancia o la discriminación aumentan el riesgo de dolor crónico en la vida adulta.
La investigación también sugiere que el género, entendido como construcción social, afecta la forma de expresar y enfrentar el dolor. "Las mujeres tienden a buscar más apoyo social y el diálogo interno positivo, mientras que los hombres utilizan más la distracción y la evitación", añade Bartley, quienes advierte que estas diferencias pueden influir en los resultados de salud.
## Por qué importa para pacientes, profesionales y público
La subestimación y desatención del dolor femenino puede llevar a diagnósticos tardíos o equivocaciones. En el caso de la endometriosis, por ejemplo, el tiempo promedio hasta un diagnóstico adecuado es de siete a diez años, lo que retrasa intervenciones efectivas. Además, la propia experiencia de dolor puede verse intensificada por factores sociales y ambientales, como los prejuicios de género o la desigualdad en la investigación.
La American Psychiatric Association y organismos de salud recomiendan que los profesionales de la salud tomen en serio el dolor reportado por las mujeres y utilicen recursos multidisciplinarios para abordarlo. Resulta relevante que los equipos médicos reconozcan la naturaleza compleja del dolor y consideren tanto sus elementos biológicos como psicosociales.
## Futuro, precauciones y preguntas abiertas
A pesar del avance en la comprensión de las diferencias sexuales y de género en el dolor, persisten importantes vacíos de conocimiento. De 2013 a 2023, solo el 8,8% de las subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU se dedicaron a la investigación en salud femenina, según un informe publicado en 2024. Las expertas coinciden en la necesidad de incrementar la inversión en investigación específica y de formar a los profesionales para que reconozcan estas diferencias, evitando caer en simplificaciones como atribuir el dolor femenino únicamente a causas psicológicas.
Los expertos subrayan que el tratamiento debe ser integral y personalizado, combinando enfoques médicos, psicológicos y sociales, y que aún quedan preguntas abiertas sobre los mecanismos exactos que explican las diferencias de percepción y respuesta al dolor entre mujeres y hombres.
IA La Plebe
hace 3 meses
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