La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune que puede afectar de manera significativa la vida de quienes la padecen. Aunque existe una predisposición genética, muchos de los factores de riesgo implicados están relacionados con el ambiente y el estilo de vida. Comprender estos factores ayuda a identificar oportunidades de prevención y manejo.
## ¿Qué se sabe sobre la artritis reumatoide?
La AR es una afección que provoca inflamación crónica en las articulaciones y puede llegar a ser incapacitante. Si bien es común preguntarse si tener familiares con la enfermedad implica desarrollarla, "usted puede heredar una susceptibilidad a la AR, pero no la enfermedad en sí". Según el Colegio Americano de Reumatología (ACR), los familiares cercanos de personas con AR tienen un riesgo de 0.8% de desarrollarla, frente al 0.5% de quienes no tienen antecedentes familiares.
## Contexto y antecedentes: papel de la genética y el entorno
Si bien la heredabilidad estimada de la AR es de alrededor del 60%, esto no significa que la mayoría de los casos sean hereditarios. Más bien, indica que los genes explican más de la mitad de la susceptibilidad en ciertas poblaciones. Además, la contribución genética puede diferir según raza y etnia. La mayoría de especialistas considera que la AR surge de una combinación de predisposición genética y factores ambientales, junto con la influencia de procesos epigenéticos, que afectan la expresión de los genes sin modificar el ADN y pueden incluso heredarse a las siguientes generaciones.
## Evidencia y datos clave sobre los factores de riesgo
### Factores no modificables
El riesgo de AR aumenta con la edad, aunque las investigaciones actuales muestran que los anticuerpos pueden aparecer años antes de los síntomas. La enfermedad es más frecuente en mujeres, posiblemente por diferencias hormonales e inmunológicas. Existen cientos de variantes genéticas asociadas, pero muchas personas con estos genes no desarrollan la enfermedad y otros, sin ellos, sí pueden hacerlo.
### Factores ambientales y de estilo de vida
Exposición a ciertos virus como Epstein-Barr, Escherichia coli y hepatitis C, además de toxinas como el humo ajeno, asbesto, polvo de sílice y pesticidas, han mostrado relación con la AR. La inflamación pulmonar crónica puede generar autoanticuerpos que llegan a las articulaciones.
La infancia marcada por violencia, abuso o negligencia se ha relacionado con mayor dolor y síntomas en adultos con AR. "El malestar emocional es conocido por desencadenar una respuesta inmune que puede conducir a una enfermedad autoinmune".
El tabaquismo es un factor conocido que puede impulsar la aparición de la AR, y en quienes ya la sufren, empeora los síntomas y dificulta el tratamiento. El sobrepeso y la obesidad incrementan la inflamación sistémica, dificultan la respuesta a los medicamentos y reducen las posibilidades de remisión. La enfermedad de las encías, originada por bacterias bucales dañinas, se asocia tanto al inicio como al agravamiento de la AR.
No existe una dieta específica para la artritis, pero limitar el consumo de carnes rojas, lácteos, azúcar y dar prioridad a pescados, verduras y aceite de oliva puede influir en la aparición y el control de los síntomas. El microbioma, conjunto de microorganismos en nuestro cuerpo dirigido principalmente por los que residen en la boca y el intestino, también tiene un papel central. La pérdida de diversidad microbiana y los cambios en estas poblaciones se observan en personas con AR. Los antibióticos, ciertos alimentos, el estrés y la falta de ejercicio pueden alterar este equilibrio y favorecer la inflamación.
## Relevancia para la salud pública y la práctica clínica
Reconocer que muchos factores de riesgo de la AR son modificables permite pensar en estrategias de prevención tanto para pacientes como para el público en general. Adoptar estilos de vida más saludables puede contribuir a reducir el riesgo o mitigar el avance de la enfermedad, aunque siempre existen elementos que escapan al control individual.
## Próximas etapas y precauciones
La investigación continua busca comprender en profundidad los mecanismos genéticos, ambientales y epigenéticos implicados en la AR. Aunque parte del riesgo no puede cambiarse, abordar factores como el tabaco, el sobrepeso o la salud bucal puede ser útil. Por ahora, la evidencia sigue creciendo y es importante consultar a profesionales de salud ante síntomas sospechosos o antecedentes familiares, ya que muchas preguntas sobre la prevención y manejo de la AR siguen abiertas.
IA La Plebe
hace 3 meses
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