La obesidad y la hipertensión están estrechamente relacionadas y representan una preocupación de salud importante en adultos y niños. Comprender cómo interactúan estas condiciones es clave para prevenir enfermedades cardíacas y mejorar la salud pública.
## Qué ocurrió
La Asociación de Medicina de la Obesidad destaca que aproximadamente 120 millones de adultos en Estados Unidos viven con hipertensión, y de ellos, 93 millones presentan la presión arterial fuera de control. La evidencia muestra que alrededor de tres cuartas partes de los casos de hipertensión primaria pueden atribuirse a la obesidad, y este vínculo representa riesgos adicionales, como otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
## Contexto y antecedentes
Tradicionalmente, la obesidad se ha definido con un índice de masa corporal (IMC) de 25 o más. A partir de 2025, la definición tomará en cuenta también el perímetro de cintura y el porcentaje de grasa corporal, separando la obesidad clínica y no clínica. La hipertensión, por su parte, implica una presión arterial sistólica mayor a 140 mmHg y/o diastólica superior a 90 mmHg, medida en al menos dos días distintos. Según la OMS, el 46 % de los adultos hipertensos desconocen su diagnóstico, a pesar de ser una de las principales causas de muerte prematura.
Obesidad y presión alta suelen detectarse a edades tempranas; la obesidad infantil y adolescente ha ido en aumento durante las últimas décadas. Factores sociales, económicos y genéticos influyen en el riesgo, afectando especialmente a ciertas minorías y personas con menos recursos.
## Evidencia y datos clave
Los mecanismos que vinculan obesidad e hipertensión no se reducen solo al exceso de peso. El exceso de grasa, sobre todo la visceral, aumenta la presión interna sobre los órganos y dificulta la función de los riñones, elevando aún más la presión arterial. La remodelación del tejido graso y las alteraciones vasculares contribuyen al desarrollo de enfermedades cardíacas. Estudios en animales han mostrado que convertir la grasa blanca en grasa marrón puede relajar los vasos sanguíneos y reducir la presión, aunque estos resultados todavía no se han aplicado a gran escala en humanos. Además, moléculas como la leptina y la adiponectina, producidas en la grasa marrón, están implicadas en la regulación de la presión arterial.
Tener obesidad y presión alta combinadas aumenta el riesgo de otras enfermedades como insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, diabetes tipo 2, apnea del sueño y trombosis venosa profunda. El 70 % de las personas con obesidad presentan resistencia a la insulina, lo que puede anticipar el desarrollo de diabetes tipo 2 hasta con 10 a 15 años de antelación. También algunos medicamentos para la presión pueden empeorar esta resistencia a la insulina.
La detección temprana es clave. Analizar indicadores metabólicos como IMC, cintura, glucosa, colesterol y presión arterial puede ayudar a intervenir antes de que surjan complicaciones graves. En los niños, el diagnóstico considera también la edad y el sexo, además de los antecedentes familiares y posibles causas genéticas o enfermedades poco frecuentes.
## Por qué es importante
La obesidad no solo incrementa el riesgo de hipertensión, sino que ambas condiciones juntas elevan el peligro de enfermedad cardíaca y muerte prematura. Abordarlas de forma temprana y sostenida puede mejorar la recuperación y disminuir la carga de enfermedad a nivel individual y comunitario. El abordaje debe ser empático y personalizado, considerando las barreras físicas, emocionales y sociales de cada paciente.
El tratamiento suele comenzar con cambios en la alimentación y la actividad física, aunque en algunos casos pueden requerirse medicamentos o cirugía bariátrica. Ciertos medicamentos para perder peso, como algunos agonistas de GLP-1, han mostrado beneficios en la reducción de la presión arterial en estudios clínicos; un ensayo con casi 500 adultos demostró que la tirzepatida bajó significativamente la presión sistólica tras 36 semanas. Sin embargo, otros fármacos, como la fentermina, no se recomiendan en pacientes con hipertensión.
La cirugía bariátrica se reserva para personas con IMC superior a 35 y otro problema de salud relacionado con la obesidad, como la hipertensión.
"El pronóstico de individuos con enfermedades cardiovasculares relacionadas con la obesidad suele ser peor en comparación con quienes no la tienen. Sin embargo, la intervención temprana y sostenida ofrece la posibilidad de mejorar los resultados", indica el artículo fuente.
## Futuro y preguntas abiertas
La relación entre obesidad, presión arterial y otras enfermedades metabólicas continúa siendo objeto de investigación. Aunque existen intervenciones eficaces, muchas personas desconocen su diagnóstico o encuentran barreras para acceder al tratamiento. Los expertos insisten en la importancia de la prevención, la detección oportuna y el manejo integral, considerando las particularidades de cada paciente y grupo poblacional.
Se prevé que en 2025 se profundicen estos temas en seminarios y reuniones científicas para profesionales de la salud. Persisten interrogantes sobre cómo optimizar el abordaje multidisciplinario, mejorar la adherencia al tratamiento y reducir las desigualdades en el cuidado de estas enfermedades crónicas.
IA La Plebe
hace 3 meses
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obesitymedicine.org